Hola: me lo contó mi nena, Caral y Bandurria se disputan el ser hogar de las civilizaciones más antiguas de América Andina, cambian totalmente la datación del fenómeno urbano http://www.arqueologiadelperu.com.ar los fechados remiten en Caral y Bandurria al 3000a C.Chau y a revisar lo que enseñamos Alice
la Agencia de Noticias Judía http://www.prensajudia.com/shop/detallenot.asp?notid=35370 recoge la información sobre su problemático entierro . La legislación italiana contraria a la negación del Holocausto, el recuerdo de las Fosas Ardeatinas, el aniversario de la deportación del ghetto de Roma... demasiado en breve tiempo. Chau Alice
estaba el otro día en Nuestra Señora de Buenos Aires y la ví. Estaba en una navecita que llevaba a la Virgen. Pensé en Don Pedro de Mendoza, que la había traído desde Cerdeña, y pensé en cómo había surgido esa bandera que tenía ante mi.Busquen aunque sea en Wikipedia (Bandera de Cerdeña) y vean cómo nos atrapa la historia con apenitas un guiño Chau Alice
http://www.royalcollection.org.uk una colección única y la posibilidad de deslizar el cursor viendo los trazos del dibujo, infinitamente ricos y expresivos Chau Alice
El Maestro Tabárez nació en la calle Termópilas. La histórica batalla no la libraba el pequeño ejército griego contra el imperio persa, sino unos pobres caballos. Termópilas iba en subida. Las frutas y verduras que caían del carro del vendedor eran un trofeo para Washington (como le decían en el barrio) y sus amigos. También crecieron en Termópilas sus hermanos Williams, empleado público, y Walter, director de escuela y murguista. En realidad, todos los Tabárez crecieron en Termópilas. El abuelo Gregorio compró lotes y los repartió entre sus cuatro hijos. Oscar (padre del Maestro, hábil fabricante de helados y cometas, votante del colorado Luis Batlle) y "Chicha" (empleada doméstica de joven, luego madre que impuso a sus hijos la obligación de estudiar) vivieron en un rancho de chapa, con pilares de pinotea, construido por el abuelo Gregorio, carpintero. Oscar y Chicha se separaron cuando sus hijos eran niños, "pero nunca se abandonaron". Chicha, que cuidaba a vecinos enfermos en los hospitales, obligó un día a Walter a ir a la escuela en plena huelga. Washington, hermano mayor, le explicó a su madre que la huelga era un derecho de los estudiantes. En Termópilas también estaban los tíos: el médico Helvecio (padre del solidario Hamlet y de Yamandú), Élida e Ismael (el del carro con hielo, padre de Miguel Ángel, el primo crack admirado por el Maestro). Escuela, familia, fútbol, calle y radio. Barrio pobre, digno y solidario. De gente preocupada si había vecinos enfermos o hijos que debían rendir exámenes.
A Oscar Washington Tabárez, el Maestro, no le agradó que Uruguay haya llegado al último partido de las eliminatorias (anoche, ante la Argentina, en el Centenario) con la perspectiva de tener que ir otra vez a un repechaje para clasificarse al Mundial, como ya le sucedió para Sudáfrica, cuando casi todo era insultos y críticas. Pero aprendió de joven, estudiando filosofía y especialmente existencialismo y Sartre, que la vida es un viaje. Nacimos y sabemos que algún día moriremos. Y en el medio está la vida. "¿Qué hacés? ¿Te morís ahora y te empezás a lamentar hasta que llegue o hay cosas para hacer?". Preguntas "sin respuestas definitivas", dice el Maestro, pero que "te hacen caminar hacia determinado lugar". Como leyó de Antonio Machado y le cantó Joan Manuel Serrat: "Caminante no hay camino, se hace camino al andar". Asumió que la rodilla maldita cortaría su carrera de futbolista-zaguero (Tabárez llegó a ser capitán de Wanderers, el primer chico de Uruguay que jugó la Libertadores) y, ya padre joven, tras amagar Derecho, Radiología y Filosofía, el Maestro se metió a estudiar Magisterio. Dudó primero, cuando debía jugar cantando con los niños o hacer un carrito de juguete en Manualidades, pero se convenció luego, cuando profundizó estudios sobre niños y psicología. Ya recibido, su primer trabajo, una suplencia en verano en la escuela especial Tiburcio Cachón, fue enseñarle a cocinar y a comer a un ciego. "Porque esto se hace así, ¿ves?", indicó a un adulto reacio a cocinar. "No, yo no veo", le respondió. "Yo era completamente inexperiente. Vos podés estudiar, leer libros, informarte, pero el acto educativo -dice el Maestro- es cuando tenés al otro enfrente."
Treinta años más tarde, el Maestro, con altas y bajas en su carrera, pero ya un consumado DT, estaba en el centro de otro mundo. El día previo a la semifinal contra Holanda en el último Mundial de Sudáfrica. La conferencia de prensa más concurrida de su carrera. Le respondió duro y digno a un periodista inglés que le preguntó dando una clase de ética por la mano-penal de Luis Suárez que salvó el dramático partido de cuartos de final contra Ghana. "Me pareció que era el momento de puntualizar algunas cosas, simplemente eso", me contestó Tabárez cuando le recordé el episodio el mes pasado, en una larga entrevista en el Complejo Celeste. La selección uruguaya, que se clasificó a Sudáfrica sufriendo en el repechaje, terminó siendo en el Mundial la mejor de Sudamérica. Y en 2011 ganó la Copa América en la Argentina. Uruguay decayó a partir de entonces y, cuando nos vimos en septiembre pasado, Tabárez ya era por supuesto consciente de que el camino para Brasil 2014 se había puesto otra vez difícil. Me recordó la reflexión que le dedicó una señora en medio de una emotiva despedida de la celeste de la concentración de Kimberley, en Sudáfrica: "The journey is the reward". "El camino es la recompensa", castellanizó Tabárez a la vuelta del Mundial, el día de la recepción popular en Montevideo. Dijo que el resultado, si bien importante, nunca está asegurado, y que "lo que nos va a satisfacer es la ruta que elegimos para andar en esto". El país de los tres millones eternos de habitantes, que parecía también eternamente obligado a celebrar sólo en caso de nuevo Maracanazo, festejó por fin un cuarto puesto como lo que fue: un triunfo.
El camino es la recompensa (Aguilar, 2012) se llama también el hermoso libro sobre Tabárez escrito por el ex basquetbolista Horacio Tato López. "¿Entrevistar al Maestro? Un regalo de la vida", me responde Tato desde Uganda, cuando lo felicito por su libro, del cual extraje historias de Tabárez. El camino, el viaje, me dijo el propio Tabárez en la charla de septiembre, no es sólo la selección mayor. El ciclo incluye siete de ocho selecciones juveniles clasificadas a sus respectivos Mundiales, con dos finales, una en Sub 17 y otra en Sub 20, y con jugadores que iniciaron el proceso desde pibes en 2006, como Edinson Cavani, Luis Suárez y Martín Cáceres. En el libro que López escribió con la ayuda de Tania Tabárez (hija del DT) y de Ana Laura Lissardy, el Maestro recuerda que ya en el 50 Yugoslavia envió a un especialista a Uruguay para que estudiara de qué modo un país tan pequeño producía tan buenos futbolistas. Y Tabárez cita el fenómeno del baby fútbol, que hoy implica a 60.000 niños y 2000 partidos, un total de 300.000 personas por fin de semana. Inclusión social por un lado, semillero por otro, con planes ya iniciados en departamentos del interior, como Flores, donde el fútbol ayudó "a sacar a los niños de los semáforos" y que llevaron a Tabárez a recorrer todo el país. También se juega una Liga Universitaria que "es récord Guinness". Hay un plan de la Fundación Celeste para escuelas rurales. Y Gol a la Esperanza del gobierno uruguayo. Todo favorecido por la hazaña de los mayores en Sudáfrica. "Hay cosas que a través del deporte se pueden lograr. Bien manejada -dice el Maestro-, la competencia es formativa."
"El Washington entrenador -dice el hermano Walter en el libro de Tato- tiene mucho de maestro." Por un lado, usa el error para enseñar, y por otro respeta los procesos. "Soy de reacciones lentas, no sólo porque hago los cambios tarde, sino porque me cuestiono todo", dijo Tabárez al presentar el libro, en medio de las risas de los presentes. El capitán Diego Lugano destacó alguna vez que Tabárez no impone, sino que convence. Dice el porqué. Después, como me dijo el Maestro en septiembre, hay que "hacer a rajatabla lo que uno considera correcto". Parte de eso lo aprendió cuando "el Maestro López, de cuarto año", enseñaba las parábolas del político e intelectual uruguayo José Enrique Rodó y hablaba de Gorgias, el filósofo griego que, ya cerca de la muerte, rechazó el brindis de uno de sus alumnos que pedía "ser eternamente fieles" a sus enseñanzas. "Yo brindo por quien me venza con honor en vosotros", replicaba Gorgias. Rodó, seguía el Maestro López, decía que no se debe tener fidelidad extrema, sino el espíritu de superar al maestro. "El gran deseo que tenemos -me dijo el Maestro en el Complejo Celeste- es que cuando no estemos nosotros, que no va a demorar mucho por razones de edad, que igual se siga con una planificación. Con ésta o con alguna que la supere.".
Hola: las burbujas inmobiliarias o negociados de hoy pueden evocarnos otras
La Crisis del Tulipán o Tulipomanía
15052011
Las crisis económicas suceden cuando pocos la esperan y a muchos sorprende (de lo contrario dudo que se las llamara crisis), pero la verdad es que todas ellas siguen un mismo patrón y que nunca sabemos ver (al menos, la mayoría).
La tulipomanía fue un periodo de euforia especulativa que se produjo en los Países Bajos en el siglo XVII. El objeto de especulación fueron los bulbos de tulipán, cuyo precio alcanzó precios insospechados, lo que llegó a provocar una burbuja económica que desembocó en una crisis financiera. Se considera uno de los primeros fenómenos especulativos de masas de los que se tiene noticia.
El Origen
Por un lado, el éxito de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales y la prosperidad comercial de los Países Bajos provocó mucha confianza en los inversores. Por otro, el gusto por las flores, especialmente las exóticas, se convirtió en objeto de ostentación y símbolo de riqueza.
A su vez, y por razones que en aquel tiempo se desconocían, los tulipanes cultivados en Holanda sufrían variaciones en su apariencia, naciendo así los tulipanes multicolores, irrepetibles, lo que aumentaba su exotismo y por tanto su precio. Hoy se sabe que la causa de ese fenómeno era un parásito de la flor, el pulgón, que transmite un virus a la planta.
La Evolución del Precio
A pesar de que se intentó controlar el proceso por el cual los tulipanes monocromos se convertían en multicolores, lo aleatorio del exotismo contribuyó a elevar progresivamente el precio de cada bulbo.
En la década de los años veinte del siglo XVII el precio del tulipán comenzó a crecer a gran velocidad. Se conservan registros de ventas absurdas: lujosas mansiones a cambio de un sólo bulbo, o flores vendidas a cambio del salario de quince años de un artesano bien pagado. En 1623 un sólo bulbo podía llegar a valer 1.000 florines neerlandeses. Tened en cuenta que una persona normal en Holanda tenía unos ingresos medios anuales de 150 florines. Durante la década de 1630 parecía que el precio de los bulbos crecía ilimitadamente y todo el país invirtió cuanto tenía en el comercio especulativo de tulipanes. Los beneficios llegaron al 500% (¿veis alguna similitud con la crisis inmobiliaria en España?)
En 1635 se vendieron 40 bulbos por 100.000 florines. A efectos de comparación, una tonelada de mantequilla costaba 100 florines, y ocho cerdos 240 florines. El record de venta lo batió el Semper Augustus: 6.000 florines por un sólo bulbo.
La peste bubónica que se declaró nn 1636 diezmó a la población holandesa. La falta de mano de obra multiplicó aún más los precios. Tal fue la locura, que se creó un mercado de futuros, a partir de bulbos aún no recolectados. Ese fenómeno fue conocido como windhandel, “negocio de aire”, y se popularizó sobre todo en las tabernas de las pequeñas ciudades. Ante las dificultades de ejecución contractual que generaba este fenómeno, un edicto estatal había prohibido este tipo de negocio. Pese a la prohibición, los negocios de este tipo continuaron entre particulares. Los compradores se endeudaban y se hipotecaban para adquirir las flores, y llegó un momento en que ya no se intercambiaban bulbos sino que se efectuaba una auténtica especulación financiera mediante notas de crédito. Se publicaron extensos y bellos catálogos de ventas, y los tulipanes entraron en el Mercado de Valores. Todas las clases sociales, desde la alta burguesía hasta los artesanos, se vieron implicados en el fenómeno.
Anécdota de la época: Un rico mercader había pagado 3.000 florines por un raro tulipán Semper Augustus, y éste desapareció de su depósito. Tras buscarlo vio a un marinero (que había confundido el bulbo con una cebolla) comiéndose el tulipán. El marinero fue detenido de inmediato y condenado a seis meses de prisión.
Final de la burbuja
El 5 de febrero de 1637, un lote de 99 tulipanes de gran rareza se vendió por 90.000 florines, fue la última gran venta de tulipanes. Al día siguiente se puso a la venta un lote de medio kilo por 1.250 florines sin encontrarse comprador. Entonces la burbuja estalló. Los precios comenzaron a caer en picado y no hubo manera de recuperar la inversión: todo el mundo vendía y nadie compraba. Se habían comprometido enormes deudas para comprar flores que ahora no valían nada. Las bancarrotas se sucedieron y golpearon a todas las clases sociales. La falta de garantías de ese curioso mercado financiero, la imposibilidad de hacer frente a los contratos y el pánico llevaron a la economía holandesa a la quiebra.
Como se puede apreciar, el patrón es el mismo que el del Crack de 1929 en Estados Unidos o el de la Crisis Inmobiliaria del 2009 en España. Lo resumo en 3 puntos:
Subida incontrolada de precios sobre algo que realmente no vale lo que se está pagando
Como todo el mundo se lo cree, se da por bueno y se genera un optimismo que invita a endeudarse para comprar
Con el tiempo, entra una nueva variable en el juego que cambia alguna norma del juego y los precios se desploman
Y no nos engañemos, cuando empieza una crisis, afecta tanto a ricos como pobres.
Por cierto, en la película Wall Street 2 – El Dinero Nunca Duerme – hay una escena donde representan la crisis de las subprime con un cuadro de la Crisis de los Tulipanes (1h 44′ 45″). Simplemente genial.
Tulipanes; la primera burbuja económica de la historia.
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Estamos en crisis, por si alguien aún no lo sabía y además en algunos lugares esta muy agravada por una circunstancia a la que llaman burbuja inmobiliaria. Esto es una situación que sufre la economía cuando un producto sube a unos precios desproporcionados, que nada tienen que ver con su valor real, hasta que llega un día en que se dan cuenta que es ilógico el precio que se venía pagando por él. Pero ¿son algo nuevo estas circunstancias económicas? Sin duda no, de hecho es una evidencia más que sangrante de que el hombre tropieza no dos, ni tres veces con la misma piedra, lo hace infinitas veces.
Ya en época romana hay constancia de especulación inmobiliaria, donde se compraba a precio de saldo, por ejemplo lugares incendiados y después de especulaba con ellos, con la construcción de viviendas. Sin embargo la primera noticia de una autentica “burbuja económica”, viene del siglo XVII, y en un país, que por su pequeño tamaño se especializaron en el comercio, Holanda.
Muchos eran los negocios que tenía los holandeses, con las Indias occidentales y orientales, en la trata de esclavos, en múltiples negocios por Europa, etc… Sin embargo en ese siglo surgió un el comercio de un producto, cuyos precios y beneficios subieron desproporcionadamente, el tulipán. Esta flor, la cual solo tiene un uso ornamental, ya que carece, por ejemplo, de olor o uso medicinal como otras plantas, comenzó a introducirse en el año 1554, procedente de Turquía, de cuyo idioma deriva su nombre, de la palabra tülbent que significa turbante, aunque existe constancia de que ya se usaba ornamentalmente en la Al-Andalus del s. XI. Con este tipo de uso, era ya muy apreciado, por lo exótico que resultaba y era un auténtico artículo de lujo, además resultó que el suelo arenoso del país, producto del espacio ganando al mar, favorecía su cultivo. Sin embargo, fue una enfermedad de esta planta, transmitida por un pulgón, la que le dio un aspecto mucho más exótico si cabe, ya que comenzaron a aparecer flores con gran variedad de colorido y rayados, algunos realmente extraños y originales, lo que derivó en una auténtica locura por adquirirla. En aquellos años se desconocía, pero hoy se sabe que esto se producía por la acción de un virus llamado Tulip Breaking Potyuirus, el cual se lo transmitía dicho insecto.
Evolución de la Tulipomanía
En 1610 comienza una escalada de precios de este producto, que derivaría en un autentico descontrol de los mismos. Pero pongámonos en situación, en la primera mitad el s. XVII el sueldo medio en ese país era de 150 florines holandeses, un buey costaba 120 florines y 8 cerdos 240 florines, sin embargo en 1623 un bulbo de esta flor valía 1000 florines. Este precio, por increíble que parezca, se queda muy corto con lo pasaría después. Se tiene constancia de diversas operaciones que podría llegar a parecer absurdas de no ser porque fueron reales. Así en 1635, se vendieron 40 bulbos por 100.000 florines y en 1636 alguien cambió 12 acres de suelo urbanizable por 2 bulbos de una extraña variedad.
Aquello se desbordó, era un negocio seguro, se compraba muy caro pero al día siguiente se vendía aún más caro. La gente pedía préstamos e hipotecaba sus viviendas para invertir en bulbos de tulipanes. Parecía una locura pero funcionaba, y se ganaba mucho dinero en poco tiempo. Los tulipanes llegaron a entrar en la bolsa de valores, dejó de venderse directamente para formar parte de la especulación financiera y los créditos. Muchos que estaban arruinados se hicieron ricos en poco tiempo negociando con este producto.
Pero una burbuja crece y crece pero tiene paredes débiles y un día explota. Así se llegó a 1637, cuando el 5 de febrero de ese año se vendió un lote de 99 bulbos por 90.000 florines, pero el día siguiente, el 6 de febrero de 1637 se puso a la venta un kg. de estos al módico precio de 1250 florines pero nadie los compró. De un día a otro había dejado de tener valor, muchos quedaron endeudados, muchos de los arruinados que se habían hecho ricos con este negocio, volvieron a la ruina, ya nunca más volvió a alcanzar esos valores.
Alegoría de la Tulipomanía de Jan Breughel (1640).- Cuadro satírico donde muestra la evolución de este comercio, tratando a los que intervienen como monos. Desde la venta hasta el crack final, representado a la derecha con un mono orinando en las flores.-
Ha estos hechos se los conoce como “la manía de los tulipanes o tulipomanía”. No se si a alguien le sonara este tipo de historia, sin duda el ser humano con toda su evolución, parece que hay cosas que les cuesta aprender. No se si será la primera burbuja económica pero es la primera de la que se tiene clara constancia de ella, después vinieron muchas otras, hasta hoy en día, que no para de repetirse.